Un día muy particular

Este fue el título de una de las tantas películas protagonizadas por Sofía Loren y Marcelo Matroiani que relataba el no previsto encuentro de ambos protagonistas en una ciudad italiana visitada por Mussolini y ellos venían a ser los únicos que no asistían a semejante espectáculo. Ella era la esposa de un encumbrado dirigente del partido y el un profesor homosexual de paso por esa ciudad.

Hoy, probablemente, la población de nuestro país, luego de las 16 horas, se encuentre enfrascada en un evento de semejante naturaleza: a partir de esa hora se juega la final del mundo entre los seleccionados de Argentina y España. Argentina venció a Inglaterra y España hizo lo propio con Francia y ahora deben dirimir el reinado de la Copa del Mundo.

En Argentina ha renacido el patriotismo que debería imperar siempre. Hay banderas, banderones y banderitas por todos lados. Están instaladas en el frente de las casas, en los balcones, en los coches, los camiones, las motos… En todos lados y, después de todo uno celebra que así sea, pero al mismo tiempo lamenta que sea por un mero triunfo en un mero campeonato mundial de fútbol.

Durante el último y lamentable gobierno de los Fernández (2019-2023), las celebraciones de esa naturaleza reunieron a no menos de cuatro millones de personas enloquecidas por recibir al equipo triunfador en Qatar. Los millonarios (porque la mayor parte de esos jugadores lo son) no querían ser usados por el poder político de aquel momento y lograron no llegar a la Casa Rosada, ni a la Plaza de Mayo y, en medio de semejante gentío, no pasaron desapercibidos pero pudieron mandarse a guardar.

Si hoy ese casi mismo equipo vence a España se asegura que mañana lunes será feriado para asegurar las recepción de los héroes. Que el gobierno les cederá la Casa Rosada ¿para que se exhiban desde balcones?

Toda la dirigencia política y social del país, incluida la ocupante de San José 1111, estará pendiente de ellos que, en el último momento de la celebración del triunfo sobre Inglaterra osaron mostrar una consigna arrojada desde la tribuna. En una sábana, escrita a mano, una leyenda decía: “LAS MALVINAS SON ARGENTINAS”.

Los máximos portavoces de la selección (Su director técnico, el señor Scaloni: su capitán el señor Messi) habían reiterado que tan solo se trataba de un enfrentamiento deportivo, que no debía ser desnaturalizado con otras causas…

Pero ocurre que las otras causas son más importantes que ganar un evento deportivo: las otras causas son muchos años de ocupación de esas islas por una potencia extranjera; que mas allá de las razones que pudo invocar la dictadura, por esa causa murieron más de seiscientos argentinos en 1982; que la mitad de esas muertes sucedieron por el ataque traicionero al portaaviones General Belgrano, hundido fuera de la zona de exclusión marítima; que desde esa fecha no menos de cien excombatientes se han suicidado como consecuencia de ese conflicto; que desde entonces los ocupantes de las islas han explotado con mayor intensidad reservas petrolíferas que son parte de nuestra plataforma marítima y otro tanto hacen la explotación pesquera de la zona…

Estas consideraciones son lanzadas al azar para justificar que hoy no vamos a irradiar nuestro clásico “Cuentas y Cuentos”, entre las 16 y 18 horas, porque en ese momento hasta los ciegos estarán viendo el partido y los sordos escuchando otro tanto.

Felicidades a todos los argentinos, no solo a los argentinos de bien.

 
19.07.2026

 

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