Sobre la situación nacional

Luego de muy complejas negociaciones se llegó a un relativo acuerdo entre las tribus del peronismo para acordar candidatos para el 7/9, en las elecciones en la provincia de Buenos Aires.

En las nominaciones provinciales están ausentes algunos que se consideran representativos: los sindicatos, los movimientos sociales y Juan Grabois, por ejemplo.

Ahora la competencia se trasladó a las candidaturas nacionales para las elecciones de octubre. Ante la casi segura preeminencia de Massa, el sector representativo de Grabois, Patria Grande, amenaza con presentarse por separado.

Es decir que estamos al borde de repetir en octubre la peligrosa jugada que parecía posible en setiembre, ahora a nivel nacional: que la fuerza nacional y popular, se presente dividida.

Llevamos meses en esta lucha por las candidaturas.

Lamentablemente no hay de parte de ninguna de las facciones en pugna un programa de gobierno capaz de enfrentar a un gobierno de mierda que está comprometiendo la soberanía nacional, se ensaña con los sectores menos favorecidos (jubilados, pensionados, discapacitados), somete al país a los intereses de otras potencias (EE.UU, Israel) y amenaza con la disolución de la Argentina.

Gobierno de mierda sostenido por los dueños del país: los grupos económicos locales y aquellos internacionales tentados por las riquezas de nuestro territorio (petróleo, gas, litio y otros minerales raros y… ¡agua!).

No existe ningún dirigente importante del campo popular que plantee la situación que acabamos de describir: la necesidad de enfrentar a quienes se consideran los dueños del país. ¡NINGUNO! ¿Acaso algunos especularán con que necesitan aportes de estos miserables para sus campañas? ¿Temen enfrentar las consecuencias de denunciarlos y ser víctimas de algún tipo de persecución o simplemente no les da el cuero para enfrentarlos?.

Esos tipos (los dueños) están tan envalentonados, se sienten tan patrones de todo, que han jugado para poner de presidente a un pobre tipo que no sabe donde está parado. Han apoyado la presencia de un monigote en el sillón de Rivadavia (por otra parte, el monigote original) y se ríen de la ciudadanía mientras acumulan porciones cada vez más grandes del ingreso nacional a expensas de los sectores mayoritarios, absolutamente condicionados por los siniestros planes de quienes están en condiciones de manejar la justicia a su antojo, imponer a través de la prensa y los medios de difusión sus intereses y confundir a la gente para que se precipiten en el apoyo de políticas que los perjudican.

No hay quien denuncie esta miserable situación y alerte a la población. Los males de la Argentina no son consecuencia de una maldición bíblica: la mayoría se está empobreciendo por que una minoría miserable está enriqueciéndose a expensas de aquellos.

Tampoco hay quien exponga con claridad a la ciudadanía la terrible encrucijada que vive la Patria: el elevado endeudamiento externo nos está llevando al sometimiento a los dueños del mundo porque así como la Argentina es propiedad de unos pocos también el mundo está en manos de unos locos desfachatados que usufructúan el conocimiento acumulado por cientos de generaciones humanas y aspiran a monopolizar esa sabiduría en su exclusivo beneficio.

Por otra parte, en nuestro país, el tema se agravó en los últimos meses con la irresponsable decisión de la Suprema Corte de privar a la mayor dirigente del espacio popular de su libertad y la posibilidad de ser candidata en el proceso electoral.

Con ello, esa tribu ha entendido importante luchar por la libertad de su líder y, casi por igual razón, postergar otras reivindicaciones vitales para la formulación de un proyecto político para enfrentar esta emergencia.

En una situación como la que vive el país, el espacio original del movimiento no alcanza: es indispensable ampliarlo y para hacerlo crecer debe darse una vocación de unidad para preservar los intereses del país y de sus hijos.

Esto sería fácil de lograr si desde donde corresponde se denunciara a los perversos intereses que dominan los resortes mencionados con anterioridad: la información, la administración de justicia y las variables fundamentales de la economía. De nuevo: no existe una cabal exposición de parte de la dirigencia y, a falta de ella, los sectores populares viven ignorando la razón de sus males.

Cuando en la década de los años treinta del siglo veinte, la muchachada de FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina) levantaba barricadas por las calles de la ciudad de Buenos Aires, para que sus integrantes (Scalabrini Ortiz, Homero Manzi, Arturo Jauretche, Luis Dellepiane. Gabriel del Mazo, Juan B. Fleitas, entre otros) denunciaran el sometimiento del país a los intereses británicos y el menoscabo de la soberanía nacional, los medios hegemónicos ocultaban su mensaje. Pero perseveraron en esa militancia y una de sus consecuencia fue la aparición de los jóvenes coroneles que llevaron a cabo la Revolución del 4 de junio de 1943.

Ha transcurrido poco menos de un siglo. ¿No somos capaces de gestar una generación capaz de enfrentar este momento histórico?

 

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