Más de una vez he mencionado un trabajo que siempre me resultó incomprensible de un gran pensador argentino. Estoy hablando de Ezequiel Martínez Estrada, que publicó en 1952 un libro que se tituló “¿Qué es esto?”.
El autor intentó, en ese ensayo, responder esa pregunta para dar cuenta del peronismo. El resultado fue un brulote indigno de la pluma del autor, que (no tengo dudas) no podía entender el fenómeno que atravesaba al país en el marco del materialismo dialéctico.
Comienzo, entonces, por confesar que le robé el título de esta columna a don Ezequiel.
Hace unos días la terrible noticia de la desaparición de una chiquita cordobesa concentró la atención de la opinión pública del país.
No fue un caso aislado, ¿acaso periódicamente no suceden hechos como este? ¿Acaso en casi todos estos casos no falta un hijo de puta que diga que la actitud de algunas adolescentes motivan a los hijos de puta que las violan y, muchas veces, las matan?
Poco días después, la noticia de la muerte de uno de los mayores ídolos de la música popular impactó en la sociedad y produjo una enorme repercusión pese a la mirada para otro lado de todos los responsables del gobierno nacional, si es que esto que sufrimos merece semejante nombre.
En verdad, el Indio Solari fue mucho más que un músico popular: fue un poeta, fue un creador de imágenes, fue alguien capaz de zafar de los circuitos comerciales despiadados, fue capaz de imponer una personalidad singular en espacios donde la mediocridad augura el éxito y fue, sobre todo, un hombre comprometido con su tiempo. No dependió del poder, supo zafar de sus garras.
Estos son casos generados en la sociedad en la que estamos insertos que los poderosos utilizan para distraer a la gilada, es decir, nosotros: vos, yo, todos. Fueron horas enormes de cobertura mediática como en otros tantos casos.
Es cierto también que los maleantes que se han hecho del gobierno en la Argentina no son un ejemplo para exhibir. Todavía está latente el esperpento de Espert, defendido a capa y espada por el esperpento que ocupa la Casa Rosada. Ni que hablar de las andanzas del pobre de Adorni, primero vocero del gobierno, luego elegidísimo legislador de la ciudad de Buenos Aires y, hasta hoy, Jefe de Gabinete de “Alí Baba y los 40 ladrones”. El pobre tipo ha realizado su acumulación de capital a fuerza de deslomarse pero pareciera que nadie quiere reconocer semejante obra de bien: nadie cree que se haya financiado con hipotecas de pobres jubiladas, nadie cree que ha heredado dólares hallados en una abandonada caja de zapatos, nadie cree que por un pendrive puede haber realizado ganancias con monedas virtuales… En fin, ¡es terrible la incredulidad de la gente!
La población, pareciera, entretenida más que escandalizada de tantas fechorías, que en definitiva lo que hacen es distraer respecto a la consumación de la entrega con prisa y sin pausa de nuestra soberanía, la liquidación de múltiples logros de la buena administración por unos miserables dólares que no sirven ni siquiera para mitigar la magnitud de nuestra deuda externa que ya alcanza a los 496.000 millones de dólares con organismos internacionales de créditos y financistas privados.
Al mismo tiempo, la dirigencia política que debiera ser opositora, nada hace para poner un límite al gobierno. El PRO que contribuyó al acceso de Milei a lo que alguna vez fue la primera magistratura, tiene ganas de asumir un rol disciplinador pero con una imagen “más civilizada” pero los deseos de Macri se ven dificultados por la mirada entre desconfiada y dudosa del llamado “Circulo rojo”. Su paso por el gobierno no lo habilita para ser el mejor continuador de la exitosa gestión de Milei en consumar todas las aspiraciones de los dueños del país.
El radicalismo (al igual que el peronismo, dos productos genuinamente argentinos), ha reunido entre sus miembros a conservadores declarados, progresistas incapaces de alcanzar sus consignas mínimas, algún revolucionario avanzado y reaccionarios ultramontanos. Hoy tiene una variada gama de representantes de cada uno de estos sectores, con diferencias importantes en materia ideológica, pero con una única razón de unidad, de vida: son todos gorilas, antiperonistas recalcitrantes.
La izquierda está dominada por los sectores ultras, generalmente asociados al trotskismo, pero en los últimos años, a falta de mejores ofertas, han crecido y se han sabido organizar como no lo habían logrado en otras épocas. Incluso hoy disponen de una personalidad importante en su espacio. Me refiero, obviamente a Myriam Bregman.
El resto de la oposición (los seguidores de Carrió, los fieles del cordobés Schiaretti, algunos dicharacheros gobernadores de provincias e imaginarios dirigentes televisivos, entre otros) no mueven el amperímetro.
La única posibilidad de oposición, pensamos muchos, deviene del espacio peronista, pero al referirnos al radicalismo hemos hablado de su singular y heterogénea composición, que es aún más acentuada en este caso. Mucho a contribuido a ello algo de lo que el propio peronismo se jacta: más que un partido, se presenta como un movimiento y al decir del tercer Perón “todos somos peronistas”. Ello permite que hoy y aquí estén representados la Cámpora, liderada por Máximo y su mamá o si se prefiere por Cristina y su hijo; el reciente Movimiento Derecho al Futuro, encabezado por el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof; el flamante “nuevo espacio” creado el 01.05.26. liderado por Juan Manuel Olmos, operador en CABA, Victoria Tolosa paz, con aspiraciones en la provincia de Buenos Aires y el entrerriano Guillermo Mitchel, donde también hicieron su aparición, entre muchos otros, Federico Achával y Gastón Granados, intendentes de Pilar y Ezeiza respectivamente; el Frente Renovador, de Sergio Mazza, ese que pese a que cuando era Jefe de Gabinete de Néstor Kirchner iba a la embajada de EE.UU. a hablar mal de su jefe terminó siendo el último candidato que Cristina postuló en la última contienda presidencial (diciembre 2023); el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), que desde 2002 viene comandando Juan Grabois, en los últimos tiempos aliado a Patria Grande y diversos nucleamientos menores y muchas personalidades sueltas que pueden ir desde los hermanos Rodríguez Saa a Guillermo Moreno, pasando por Ricardo Quintela y hasta (¿por qué no?) Pichetto.
No hay que horrorizarse. En sus momentos fundantes el peronismo acogió a personalidades como Leloir, John William Cook y Patricio Kelly, por citar solo algunos de diferentes color, talla y trayectoria.
En cuanto a candidaturas quien fuera el último gobernador de San Juan (2015-2023), Sergio Uñac, luego de una entrevista en San José 1111 con Cristina ha lanzado la suya; Axel no la ha efectivizado pero todo indica su intención de hacerlo; según los entendidos Mazza está siempre expectante y no se resignaría a ser un mero gobernador de la provincia de Buenos Aires; desde hace mucho tiempo Carlos Pagni asegura que el candidato de Cristina será Gerardo Zamora, el hombre ¿radical? de Santiago del Estero y en una reciente entrevista Horacio Vertbisky sostuvo que Cristina apoyará “cualquier candidatura menos la de Axel porque ha recibido muchas ofensas”.
Así las cosas, faltando 17 meses para la elección de 2027, probablemente un siglo en tiempos argentinos, no se carece de candidatos en el partido que podría representar la real oposición a Milei o su equivalente. Pero faltan ideas, propuestas, programa de gobierno… Nadie los exhibe y todos guardan prudente silencio al respecto. De esta forma todos son “la oposición” y todavía no han sabido convertirse en “la alternativa” capaz de enamorar a las mayorías populares para construir un destino común para todos los argentinos y no para un reducido grupo de privilegiados.
Y lo que caracteriza a este tiempo nuevo que vivimos los argentinos es que la Patria está dominada por un grupo de no más de 200 grandes empresas que se han apropiado de su destino, de las cuales Milei es tan solo un instrumento que facilitó el logro de leyes largamente esperadas y muchas de ellas no solo son lesivas para la ciudadanía, para el Pueblo, sino que ponen en riesgo la soberanía nacional, la integridad de nuestro territorio, el futuro de todos por muchas generaciones.
Uno sabe que en medio de la locura que desata un mundial de fútbol todo esto parece irrelevante. La pelota se lo come todo. Pero cuidado: ¡Nos están comiendo el país!
Nos quieren distraer, como nos han desinformado y muy poco educado en los últimos 50 años pero debe nacer de nosotros el decir ¡BASTA!
14.06.26