Uno podría lamentarse por cada uno de nosotros, es decir, por quienes la constituimos.
Sin embargo, prefiero referirme a la Patria porque ella nos antecede, hoy nos contiene y en el futuro debería ser quien nos anida en su memoria.
Para mí la Patria no es una entelequia: es la madre que casi no llegué a conocer; el padre y sus mayores que me sostuvieron como pudieron, a veces dejando parte de sí en la empresa; las maestras y aquellos profesores que se desvivieron por formarme; los compañeros que me han sostenido en las distintas etapas de mi vida; las compañeras que me han soportado a lo largo de los años; los hijos y los hijos de los hijos que a pesar de mí han sido capaces de sobrevivir… Todo un mundo que me ayudó a pensar, actuar, equivocarme y… volver a empezar, para volver a equivocarme.
Ese conjunto de cosas es la Patria para mí y, o mucho me equivoco, lo es para cada uno de los argentinos.
Y si en ese transcurrir de la vida tuviste la suerte de andarla, recorrerla, perderte en sus polvorientos caminos, apreciar la vastedad casi marítima de sus pampas, recorrer sus imponentes montañas, sus apacibles serranías, sus distancias que parecen infinitas, sus playas por momentos poco hospitalarias, el Padre Río que la atraviesa a lo largo de su mesopotamia, sus milagrosos accidentes: las Cataratas en Misiones, los Lagos diseminados en todo el sur, la quebrada de Humahuaca, los canales fueguinos, los glaciares, los diversos modos de sus costas, el Impenetrable chaqueño… ¡Todo te convoca a amarla!
Y si todo eso fuera poco, además, está la gente: los hombres y mujeres de la Patria, sus hijos, mis hermanos.
Esos hermanos que son tantos que no los puedo contar, según asegura el padre Atahualpa.
Por todas estas cosas amo a esta Patria.
Y por tanto amarla, hoy tengo dolor de Patria.
Me duele que por decisión mayoritaria de mis hermanos este siendo gobernada por un ato de locos, presidida por un mamarracho, en manos de empresarios perversos que privilegian sus intereses por sobre todas las cosas…
Me duele que el presidente de un imperio decadente, porque EE.UU. es eso un imperio en decadencia, se transforme en el gran elector de la Argentina, como ha sido en las pasadas elecciones.
Me duele que a diferencia del rechazo mayoritario de la ciudadanía que en 1946 le dijo no a Braden, mis hermanos hoy hayan temido la amenaza de Trump: “Si no votan bien no seremos generosos con los argentinos”.
Me duele que tantos dirigentes políticos, sindicales, sociales se hagan los desentendidos.
Me duele la traición de los intelectuales orgánicos del modelo, esos que se hacen los eruditos, capitalizan sus intervenciones cobrando altos honorarios y ocultan en sus sesudos análisis las raíces de nuestros males.
Me duele la falta de reflexión de mi Pueblo. En muchos casos, la ignorancia manifiesta de muchos de estos compañeros de la vida.
Me duele, mucho me duele, la falta de pronunciamiento de nuestros máximos dirigentes populares sobre las causas de nuestro abandono de la búsqueda de una nación justa, libre y soberana.
Me duele su manifiesta incapacidad para amucharse en un plan de salvación nacional.
¿No sienten que está en riesgo nuestra integridad territorial?
¿No se dan cuenta que estamos frente a una deuda externa (ahora también extrema) que nos supera y nos condiciona?
Más que dolor me produce bronca ver que hay quienes, como Macri y Massa, se desviven por administrar la mal llamada Hidrovía, nuestro gran Padre Río, el Paraná, espacio en manos gringas por donde se va parte de nuestra riqueza, por donde todos saben que circulan impunemente mercaderías, bienes de nuestra economía no declarados a puro contrabando y por donde, también, suele moverse la droga.
Bronca tengo al ver que el puerto de Montevideo impera sobre nuestras exportaciones por falta de mejoras en el canal Magdalena.
Bronca me da que un gringo de mierda se haya apoderado de un lago de nuestro sur, el lago Escondido, efectivamente escondido para nosotros, los ciudadanos soberanos de un país soberano.
Bronca, mucha bronca siento, cuando el gobierno es complaciente con el Reino Unido, invasor de nuestras islas Malvinas.
Me produce más que bronca odio, mucho odio que quien preside la Nación se declare admirador de Margaret Thatcher, la asesina de 323 compatriotas como consecuencia del traicionero ataque al ARA General Belgrano, atacado fuera del área de exclusión para dejar fuera de acción a nuestra marina y hacer imposible cualquier negociación de paz, si es que alguna paz era posible en aquel lejano 1982.
Con esa loca aventura los militares de la última dictadura creyeron que podían ocultar sus crímenes y lo único que quedó en evidencia fue su enorme incapacidad, su total cobardía y permitieron poner en evidencia la carencia de una verdadera dirigencia política y social que, ante la falta de gobierno, no fue capaz de asumir de inmediato el poder.
Cuando ello ocurrió, en el transcurso de la transición democrática, quienes llegaron a gobernar la Argentina dejaron bien a las claras que ignoraban las profundas transformaciones que había padecido la economía, las transformaciones estructurales implantadas a sangre y fuego. Y los poderosos conglomerados económicos consolidados hasta ese momento continuaron endeudando al país en su propio beneficio y fugando cuantiosas fortunas al exterior, independientemente de quien gobernara el país en estos… ¡43 años!
Hoy la Patria, la pobrecita jodida está en una encrucijada.
Está siendo gobernada por grandes corporaciones que se ocultan detrás del carajeador libertario para que este asuma las iniciativas que sus grandes estudios de profesionales preparan para “transformar a la Argentina” en una factoría absolutamente dependiente de los grandes capitales del Norte Global, aún a costa de nuestra entrega territorial, de la balcanización ahora no de la América del Sur como hicieron en el siglo XIX sino de la propia Argentina.
Durante ese siglo y el que le siguió el país se industrializó pero sus ingresos externos estaban circunscriptos exclusivamente a productos provenientes del sector agropecuario (granos carnes, incluso con bajo valor agregado).
Hoy la Argentina tiene petróleo y gas en abundancia, una cordillera pletórica de minerales raros y valiosos.
Y los gringos vienen dispuestos por todo y si para hacerlo deben inventar en el siglo XXI un nuevo estado de Panamá, no tendrán pudor en hacerlo.
Amparados en el “supuesto federalismo” muchos gobernadores quieren manejar como propios sus recursos locales y en esa política relegan los intereses del Estado nacional.
Solo los Pueblos pueden ayudar a liberar la patria.
En eso estamos.