Los buenos deseos para este año 2026 que se inicia, difícilmente se cumplan. En nuestro país a esta altura del año mucha gente se toma las vacaciones anuales y desde el poder establecido, que no descansa, lo aprovechan para lanzar nuevas ofensivas contra la población y a favor de los poderes concentrados.
En esta ocasión por decreto de necesidad y urgencia se reforma la ley de inteligencia, donde se le otorgan a la SIDE -Servicio de Inteligencia del Estado es su nombre actual- amplias facultades para investigar a la población y además se ponen todos los organismos del estado a su disposición para la tarea, incluidas las fuerzas armadas. Todo se lleva adelante con recursos económicos muy poco transparentes. Las tareas que se le encomiendan hacen recordar a la Doctrina de Seguridad Nacional de los años 60, por la cual se sospechaba al enemigo encubierto y mimetizado con la ciudadanía. De alguna manera queda establecido que el peligro para la seguridad de la nación, no viene del exterior si no que crece desde adentro y está representado por cualquiera que exprese disidencia u oposición al gobierno.
Las consecuencias sociales de la Doctrina de la Seguridad Nacional fueron de enfrentamientos crecientes y cada vez más violentos, no sólo en nuestro país ya que se impulsaba desde el país del norte y aplicaba a toda la región.
También se avanza con el cobro de las tarifas de los servicios regulados con lo que denominan precio “pleno” así se eliminan la gran mayoría de los subsidios a los consumidores. Se debe decir que el precio “pleno” significa aceptar para los usuarios el pago de tarifas establecidas en forma arbitraria por las prestatarias monopólicas de esos
servicios públicos. Había más favores a las prestadoras de energía eléctrica, en el presupuesto sancionado a fines de diciembre, se les reconocía deudas a pagar por el estado y que en el congreso fueron rechazadas.
El poder no descansa y la actual etapa del año con la distensión por las vacaciones, desde el gobierno de Milei suponen que es propicio para concretar nuevos saqueos a los ciudadanos. Algunos señalan que pueden extender sus acciones que son abusos durante el verano, deberían apurarse para concretarlos antes de marzo, mes para el cual entienden que se le agotaría el crédito electoral obtenido en las últimas elecciones.
Indignación y tristeza, aunque poca sorpresa, es lo que genera lo que ocurre en estas horas en Venezuela, otra vez EE.UU. ejerciendo su poder totalmente arbitrario en nuestra región. El ataque es a la nación venezolana, no sólo a su gobierno. En una manifestación brutal de su poderío y su desapego a las formalidades del derecho internacional, invadió el territorio de Venezuela en una acción que provocó muertos civiles y militares y secuestró a su presidente Nicolás Maduro y su esposa Licia Flores.
Fueron trasladados a los EE.UU. donde serán sometidos a un simulacro de juicio con la imputación de «narcoterrorismo». Todo se llevó a cabo como un gran espectáculo con imágenes que incluso fueron recreadas para su más efectivo impacto en la transmisión.
La situación de Venezuela es por lo menos extraña. En principio da la impresión que las fuerzas estadounidenses contaron con algún apoyo interno para concretar la agresión, al mismo tiempo por ahora reina una calma que llama la atención. No hay desde las autoridades locales reacciones o convocatorias a la movilización popular para rechazar el ataque a la soberanía nacional. Tampoco se verifican manifestaciones que indiquen el apoyo de la oposición aprobando la incursión de las fuerzas trumpistas. Podría ser, que en estas primeras horas y en tren de suposiciones, que se desarrollen negociaciones entre todas las partes involucradas. En principio asumió la vice Delcy Rodríguez, que lo hizo ante la ausencia forzada del titular Nicolás Maduro. Decididamente no está claro cuales son esas partes que negocian y cual es la jerarquía de cada una, ya que no es lo mismo que las negociaciones las encabece Trump, la oposición antichavista o las autoridades que integraron el gobierno de Maduro y que continúan en funciones.
Una diferencia que llama la atención: en el golpe de 1992 contra Hugo Chávez, que fue encarcelado, su reemplazo que duró muy poco asumió en un medio de comunicación rodeado de todos los personajes que eran representativos de la oposición. En el presente el medio más identificado con el chavismo que es el canal Telesur continuó en manos de
sus conductores transmitiendo los sucesos donde se rechaza la injerencia externa y se mantiene el criterio editorial de apoyo al gobierno chavista.
El ataque a Venezuela es un llamado de atención a toda la región y también al mundo. Todos coinciden en que Trump ha salido fortalecido por esta acción, destacan que la operación militar fue un éxito, una intervención “quirúrgica”, logrando, por ahora, que no se generara un desequilibrio interno que desembocara en una guerra civil prolongándose en el tiempo y que esto podría ser un problemas para la interna de Trump. Más, con el
objetivo de secuestrar y trasladar a su territorio a Nicolaá Maduro y su esposa ya superado, sus amenazas a otros gobiernos de la región, que Donald Trump ha hecho público en más de una ocasión, adquieren un mayor riesgo potencial.
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Ricardo Grosso
enero 2026